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El valor de la gratitud

El valor de la gratitud

Somos seres parte de un universo y una realidad que aún no sabemos en la infinita inmensidad que nos rodea, si es la única, si es paralela o bien si en alguna parte, tiempo y espacio la repetiremos. Esta realidad que hoy tenemos debería ser meramente sobre todo una oportunidad que cada ser humano tiene aquí y ahora, ya que desconocemos todo lo anterior. Una oportunidad para admirar, para crecer, para servir y para disfrutar este viaje maravilloso que se nos permite tener y que llamamos vida. 

La gratitud, entonces; empieza a manifestarse cuando sentimos con cada parte de lo más profundo de nuestra humanidad y comprendemos que somos parte de un milagro para el que, durante toda nuestra historia, hemos buscado una respuesta concreta sin encontrarla.  Manifestamos gratitud cuando ayudamos a alguien que puede necesitar de nosotros sin esperar nada a cambio, cuando sonreímos a otros por el simple hecho de manifestar felicidad, cuando comprendemos el maravilloso sentido del servicio, cuando sentimos en silencio el viento en nuestra cara, cuando escuchamos el silencio, cuando miramos desde el alma, cuando basta y sobra ver la felicidad de otros y no siempre la nuestra, cuando vemos dormir a nuestros egos, cuando perdemos el tiempo en lo sublime y simple de cada día para amar simple y llanamente lo que se nos regala a nuestro alrededor, el trino de un ave, la risa de un niño, el aroma de nuestro hogar, la mano de una madre, las charlas con un anciano, aquellas almas que cada día nos llevan a elevar nuestro espíritu. 

Resulta entonces que la gratitud es el valor, quizá más importante, porque nos hace quedarnos firmes aún frente a aquellos horizontes sombríos, con la certeza de que nos encontramos aquí para transformar y que el mismo universo o ser superior que nos regala todo esto nos transforma cada día para dar luz. Quizá en otro universo lejano seamos estrellas que alguien ve brillar cuando actuamos con gratitud porque a través de este valor sentimos el brillo que produce agradecer. Sin lugar a dudas, la gratitud es la fortuna de estar hoy o también de haber estado ayer, no sin antes dejar de reconocer que todo aquello maravilloso que entregamos al universo trasciende más allá de las barreras del tiempo y el espacio. Ser parte de un milagro diario que se llama “humanidad”, de este tejido de seres que sentimos, que pensamos, que amamos, que reímos, que lloramos, que extrañamos, de este legado que otros marcaron, de este nido de sueños y polvo cósmico que al final somos todos; polvo que queda esparcido en forma de recuerdo en los nuestros. 

Agradecer nos eleva a la evolución porque aún en medio de la niebla más espesa de nuestro andar llega la alegría después de la tristeza, el alivio después del dolor, verano luego del invierno, fuerza después de los golpes y sobre todo raíces que permanecen fuertes y nos aseguran en los vientos más fuertes y enseñan que al final siempre hay algo porque agradecer.

Paola del Carmen de León
Comunicación y Lenguaje

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